Sánchez, ¿con el agua al cuello?
Las recientes elecciones en Aragón dejan una gran duda, ya recurrente, en la mente de los españoles: ¿es este el principio del fin de Sánchez? A estas alturas de la película, ya estamos hechos a preguntarnos esto con cautela, pues ya hubieron unas cuantas falsas alarmas. Aún así, la pérdida de apoyos de los socialistas en España es innegable, a la vez que también se sabe el rápido crecimiento de Vox, recaudando los votos de numerosos partidos políticos distintos. Por segunda vez, asistimos a la caída libre del PSOE y la cuasi duplicación de apoyos de la extrema derecha.
Antes de nada, es necesario hacer un breve resumen de las causas del ascenso conservador en la sociedad española, por mucho que sean bastante conocidas. En primer lugar, está la cuestionada gestión por parte del Gobierno de las diversas crisis que tuvieron que afrontar desde 2018. En segundo lugar, los votantes que decidieron cesar en su apoyo al Partido Socialista debían apoyar a otra fuerza política, que normalmente sería la oposición. En el caso de la España actual, debido a la débil oposición de Alberto Núñez Feijóo al frente del Partido Popular, la masa de personas desorientadas políticamente cayeron, inevitablemente, en el extremo.
A través de las redes sociales y otros canales de información, la derecha más extrema del espectro político fue ganando poder, hasta el punto en el que está ahora, en un ascenso imparable. La falta de reacción de la izquierda no hace sino reafirmar la inutilidad de sus dirigentes a los ojos conservadores, hartos de las malas gestiones. De hecho, una buena parte de los votos aragoneses a Vox fueron vecinos del rural, que arrastran un viejo sentimiento de caer en el olvido para todas las demás formaciones políticas. Aún así, conquistando paulatinamente el voto joven, el voto obrero, y ahora el voto rural, se puede prever un mayor impacto del partido de Santiago Abascal, que seguramente siga la misma tendencia de subida que lleva teniendo hasta el momento.
Últimamente, con el crecimiento de la derecha, el mal funcionamiento de la red de ferrocarriles y la mala gestión de la crisis de la vivienda, junto con los escándalos de corrupción en su círculo más próximo, se podría decir que el presidente español está con el agua hasta el cuello, pero eso sería mentira. Lo cierto es que Pedro Sánchez, muy probablemente, siga en el poder un buen rato más, sabiendo la versatilidad que posee a la hora de pactar y mantenerse como mandamás. Por esto, es prudente afirmar que el cambio de poder en la Moncloa no se efectúe como mínimo hasta las siguientes elecciones generales, aunque los próximos meses sean un mal trago para el PSOE.