La PAU no funciona

La PAU no funciona

Ahora que el curso está a punto de terminar y las redes sociales se están llenando de vídeos de predicciones de nota de la selectividad, me gustaría que todos reflexionáramos un poco acerca del sistema educativo español y del sinsentido que supone que, en pleno 2026, la carrera que un estudiante pueda o no cursar siga dependiendo de tres días de exámenes que no son iguales para todas las comunidades autónomas y que, en la mayoría de los casos, no evalúan realmente las competencias de un alumno para cursar un grado en concreto.

Tan solo hay que pararse a pensar un momento para darse cuenta de que las pruebas de acceso a la universidad son un sistema que no funciona. Desde el momento en que la nota de dos alumnos de diferentes partes de España, que compiten entre sí por una plaza, ha sido obtenida a través de exámenes distintos, en los que la dificultad no es la misma, el sistema deja de tener sentido. Por eso, el primer paso para mejorar este método es unificar las PAU en todo el país. Para ello, los exámenes deben tener lugar en el mismo momento y ser los mismos, independientemente de la comunidad autónoma. Este es un problema urgente y no podemos permitirnos esperar a que un partido político gobierne en las 17 comunidades autónomas para llevar a cabo la reforma, ya que es un tema demasiado importante como para convertirlo en una lucha política.

Sin embargo, este cambio no resolvería la problemática por completo. Lo único que haría sería garantizar que todos jugáramos en igualdad de condiciones, pero no convertiría esas condiciones en justas. Por tanto, si realmente queremos asegurarnos de que las personas que cursen la universidad estén cualificadas para cada grado específico, solo hay una solución posible, que una vez más es la que dicta la lógica: habría que realizar una serie de exámenes para cada grado, entre los que se incluyeran las materias correspondientes a esa carrera en concreto. De esta manera, los alumnos se guiarían por su vocación y sus gustos, ya que la nota de Bachillerato o de asignaturas ajenas al grado deseado no lastraría su media.

Hoy en día tenemos un sistema educativo que no ampara a sus alumnos y que deja sus aspiraciones universitarias a merced de unas pruebas mal planteadas, que no aseguran que el estudiante vaya a ser un buen profesional en el campo que desea estudiar. Desgraciadamente, las universidades no nos ven como alumnos a los que convertir en grandes profesionales; para ellas solo somos un número. Y si somos un 10, da igual lo buenos que vayamos a ser en el futuro, porque si necesitamos un 11, nos podemos olvidar de estudiar nuestra carrera soñada.

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