5 estrellas sobre 5
Songs of Leonard Cohen (1967)
Recientemente, me di cuenta de que aún no había reseñado en Noticias del Subsuelo ninguna pieza de música, cuando es una forma de arte que consumo todos los días. A los pocos segundos, me vino este álbum de otro mundo a la cabeza, y no tuve que pensar más. A estas alturas de mi obsesión con su autor, todos mis amigos conocen ya sus canciones y hasta su vida personal, para que el lector se haga una idea de mi fanatismo.
El famoso poeta y, posteriormente, músico Leonard Cohen nació en 1934 y creció en Montreal en una familia judía, pero nada de esto importa. Lo que importa es que en la década de 1960 se mudó repentinamente a la isla de Hydra, en Grecia. A partir de este momento, su pequeña carrera como escritor alzó el vuelo al convertirse en cantante de sus propios poemas. Con una voz monótona y grave, acompañada en la mayoría de ocasiones de una única guitarra acústica, consiguió lanzarse al estrellato. Sin embargo, no es la calidad musical de sus canciones lo destacable de su obra, sino su genio poético.
Después de una gran cantidad de monólogos (también llamados “chapas”) a mis amigos sobre las características de las poesías que Leonard Cohen incluye en este álbum, he llegado a discernir dos cualidades que lo hacen verdaderamente especial.
En primer lugar, pienso que la razón del éxito musical del canadiense se debe, en parte, a Federico García Lorca. Es sabido que Cohen era un gran admirador suyo, y se puede distinguir claramente su influencia en la mayoría de sus canciones. Lo cierto es que la poesía lorquiana cuenta con una musicalidad insólita, que hace la experiencia de leer sobre el papel muy similar a escuchar una canción. El compositor de canciones como Suzanne o Hey, That’s No Way to Say Goodbye, hace un destacable uso de esta cualidad, que le da un hipnotismo especial a sus temas.
Por otro lado, y de forma más importante, Leonard Cohen describe a la perfección el sentimiento del anhelo amoroso. No utiliza más que el lenguaje necesario, mas el poeta realiza una elección tan precisa de las palabras que evoca la imagen de una operación médica y un escalpelo en vez de un lápiz. Con este vocabulario, narra situaciones verosímiles (frecuentemente reales) pero perfectamente escogidas para parecer simbólicas.
El autor también mezcla estos temas de amor, descritos como nadie lo hizo, con la religión y lo divino y, a la vez, con lo mundano de los bares, los hoteles y la vida cotidiana.
En conclusión, espero que hayan entendido por qué decidí comenzar con las críticas musicales (que no serán muy frecuentes dado que entiendo poco sobre el tema), con este magnífico trabajo de la mano de uno de mis poetas favoritos. Háganse un favor y escúchenlo.