4 estrellas sobre 5
Le mépris (1963)
Tras ver esta película, me sorprendió mucho la gran cantidad de malas reseñas sobre ella, alegando poca profundidad y mucha misoginia, pero yo no la entiendo así. El desprecio es la historia de un matrimonio joven, en el que Paul Javal (interpretado por Michel Piccoli) trabaja de guionista para un productor estadounidense, que no entiende de francés ni de arte, y le encarga corregir el guión original de una versión de La Odisea de Fritz Lang, que se interpreta a sí mismo.
Con este trabajo, que no es el que Paul realmente desea realizar, espera pagar su piso y mantener a su mujer, papel que asume brillantemente Brigitte Bardot. He aquí el centro de la cuestión: después de pasar un tiempo a solas con el productor americano Jeremy Prokosch (ante quien se doblega Paul), la señora Javal se desenamora de su marido. A partir de este momento, esta se comporta de forma fría, y solo responde con evasivas ante los interrogatorios de su marido, antiguo aspirante a dramaturgo.
Una visión popular de esta obra es una poco profunda, en mi opinión, en la que se asume que el director, Jean-Luc Godard, no toma a las mujeres como personas con sentimientos profundos y carácter autónomo. No es una lectura sin fundamento, dado que Camille Javal exhibe un comportamiento infantil (superficialmente) durante gran parte de la película, negándose a dar explicaciones de su frialdad y desencanto repentinos. Además, más tarde, mientras su marido sufre preguntándose qué puede hacer, ella se asegura de que le vea besándose con el productor.
En mi opinión, existe un trasfondo para esta manera de comportarse, que convierte a Le mépris en un clásico. Justamente, después del tiempo a solas con Prokosch, Camille se da cuenta de que el jefe al cual su marido intenta contentar constantemente es un verdadero imbécil. Por ello, empieza a notar que su Paul carece ya de una cierta rebelión, y se caracteriza ahora por su desencanto con sus sueños y su servicialidad al dinero. Esta es la razón de que ella le trate mal y le oculte el porqué: intenta, por una variedad de formas, que este recupere al fin su autonomía.
Es por esto que, al final del largometraje, cuando, tras numerosas humillaciones, Paul Javal sigue siendo sumiso y, ahora, por encima, está atormentado, su mujer lo abandona. Como gesto de amor, ella intentó de todas las maneras que pudo recuperarle, pero no le podía decir el porqué, y eso lo consumía.
En conclusión, nos hallamos ante una película excelsa, o terrible, según como se tome. Obviamente, nunca sabremos la verdadera interpretación, pero pienso que El desprecio es una representación extraordinaria de las relaciones duraderas, en las que ambos implicados cambian, para bien o para mal. Además, cuenta con una gran banda sonora, una fotografía bellísima (cómo no, tratándose de la costa italiana en verano), y una destacable actuación de todos los actores, incluído Fritz Lang, que nos regala algunas conclusiones de gran valor sobre el arte.