4 estrellas y media sobre 5
Sátántangó (1994)
Mi espíritu imperecederamente pedante no me permite aguantar dos frases sin anunciar que esta película húngara en blanco y negro dura algo más de 7 horas, y yo la he visto entera. De hecho, pienso que si Oliver Laxe supiese leer y viese esta crítica, la nombraría en todas las entrevistas como su favorita, aún sin haberla visto. Ahora, creo sinceramente que todos los niños preadolescentes que comienzan a desarrollar una pequeña adicción al móvil deberían estar obligados por ley a verla en su totalidad, con el objetivo de curarlos de espanto del aburrimiento.
Fuera de bromas y de pedantería, Sátántangó es más entretenida de lo que parece e, incluso, llega a resultar muy cómica las contadas veces que el director se propone quitarle gravedad al difuso argumento durante un rato. Digo difuso porque se aclaran muy pocas cosas sobre el pasado de los personajes, y el presente de estos se cuenta varias veces, desde la perspectiva de uno distinto cada vez.
Lo que puedo decir es que los personajes más importantes son trabajadores en un pueblo de la Hungría rural que tienen la paga de todo el año pasado en sus manos, pero dudan de como utilizarla. Algunos piensan en robar la parte de los otros y marcharse a otro lugar y montar una granja, cuando se anuncia la vuelta al pueblo de Irimiás y Petrina, dos bandidos que todos creían muertos.
En ese momento, ocurre un suceso terrible que el elocuente Irimiás utilizará para convencer a sus conciudadanos de que le confíen su dinero y vayan con él a montar una granja comunal. Por otra parte, hay rumores sobre un asunto relacionado con los dos delincuentes y un cargamento de pólvora. Aún así, como en las obras de Luis Buñuel, al espectador no se le suele conceder el gusto hollywoodiano de presenciar los eventos que se esperan durante toda la película.
Con un final más bien ambiguo y misterioso, acaba esta monumental obra, fruto de la primera colaboración del Nobel László Krasznahorkai y el director Béla Tarr, compatriotas húngaros. Personalmente, por mucho que jure y perjure que he disfrutado de esta película, siempre tengo en la cabeza un pensamiento: ¿cómo podrías decir que has visto 7 horas de película y confesar que no te ha gustado?
Por último, quiero hacer un poco de propaganda de la Filmoteca de Galicia, gracias a la cual he podido ver Sátántangó proyectada en la gran pantalla por 1,20€, algo impensable para espectadores que acuden al cine comercial. Personalmente, he disfrutado mucho del ciclo de este director, y sé que los otros espectadores también, pues estaba la sala prácticamente llena en las proyecciones, con unos cuantos recurrentes.