Noches Blancas, de Fyodor Dostoyevski

Noches Blancas, de Fyodor Dostoyevski
Fotograma de una versión cinematográfica de la obra, dirigida por Luchino Visconti.
Fotograma de una versión cinematográfica de la obra, dirigida por Luchino Visconti.

Recientemente, se ha dado a conocer Noches blancas en círculos lectores ajenos a los libros clásicos a través de las redes sociales como Tiktok o Instagram. Para el lector poco familiarizado con las modas en dichas aplicaciones, se trata de una situación curiosa, cuando menos. ¿Por qué, de todas las excelentes novelas de un autor nacido hace más de 200 años, es esta la obra que llama la atención a jóvenes lectores y, especialmente, lectoras de libros románticos? 

Por mucho sacrilegio que sea a la memoria del novelista ruso, habiendo leído la obra se pueden advertir ciertas características en común entre ella y literatura romántica contemporánea sobre cuya calidad prefiero no comentar. Para dejarlo en claro, quisiera introducir una cita sacada de una conversación reciente sobre el libro con una amiga: “Noches blancas es muy parecida a Boulevard si lo piensas”. En cierta manera, estoy de acuerdo con esta afirmación.

Verdaderamente, la perspectiva de los autores es similar, aunque la forma en que se reflejan en sus personajes cambia un poco. En ambos casos, la soledad de los autores se traduce en la creación de una aventura romántica. La diferencia reside en que, en el caso de Boulevard y similares, el escritor se conforma con soñar un romance idílico, idealizado, que no aportan nada más que eso. Igual que los libros de caballerías que volvieron loco a Don Quijote.

En cambio, Dostoyevski en Noches blancas reconoce ese papel de soñador romántico y solitario, ilusionado por la compañía de una inocente joven, que ama a otro hombre. El protagonista (cuyo nombre no conocemos en toda la obra, a pesar de que el nombre de la joven, Nástenka, se menciona decenas de veces), a sabiendas de este amor duradero, se enamora igualmente de su acompañante durante 4 noches.

En el proceso de la lectura de esta obra, numerosas dudas asaltan la conciencia del lector: ¿está realmente enamorado el soñador, o únicamente tiene la necesidad de compañía? ¿Acaso es posible enamorarse de una persona que no siente lo mismo? ¿No sentiría Nástenka también algo parecido? ¿Sería todo un sueño del narrador, como uno de los libros de romance mencionados antes?

El autor ruso, como siempre, no ofrece una historia cómoda, en la que los personajes acaben comiendo perdices, y esa es la clave de su genio. Reconoce y retrata como ningún otro la complejidad de la vida y las relaciones humanas, describiéndolas a la perfección. Un detalle excelente de la obra es su epílogo, donde Dostoyevski deja un pequeño mensaje profundamente optimista en el último párrafo: “Dios mío, ¿sólo un momento de dicha? ¿No es un momento así suficiente para toda la vida de un hombre?”

Noches Blancas, de Fyodor Dostoyevski
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