4 estrellas sobre 5
Maspalomas (2025)
Otro de los pesos pesados de la 40º Edición de los Premios Goya es Maspalomas, drama bilingüe dirigido por Jose Mari Goenaga y Aitor Arregi Galdos. Trata sobre la vida de un anciano homosexual vasco llamado Vicente (interpretado por José Ramón Soroiz), que vive hedonistamente en Maspalomas, Gran Canaria. Tras una media hora un poco floja, la película toma un rumbo completamente distinto, después de que el personaje principal sufra un accidente. Este es internado en una residencia, lo que le obliga a hacer una gran pausa en su vida.
En este punto, se revela la verdadera dirección del largometraje ganador del Premio Feroz a mejor actor: un análisis profundo de la vida de un jubilado, a través del cual se exploran temas como los prejuicios, la soledad, las relaciones intrafamiliares… Una característica muy positiva que se puede aplicar a una reducida parte del arte es que intente decir algo interesante pero trascendental, y por ello es que me gusta Maspalomas.
Cabe, por último, considerar los aspectos técnicos: la música no es nada del otro mundo, aunque el guión sí es bueno. Sin embargo, la estrella en este caso es la fotografía y el aspecto estético versátiles. En Gran Canaria, se nota la calidez y comodidad que siente el personaje, y se transmite al espectador. En cambio, cuando Vicente siente la soledad y la frialdad de la residencia, eso también se nos hace notar.
Personalmente, comencé esta película con expectativas bajas, y la primera parte cumplió con lo que esperaba. Cuando dió ese giro inesperado de dirección, no me enganchó inmediatamente, sino fue mejorando poco a poco, hasta que me di cuenta de lo buena que era. En mi opinión, merece la pena (especialmente si se la compara con Sîrat), y, por ahora, es mi favorita para ganar el Goya a mejor película.