¿Por qué el verano se nos escapa siempre de las manos?

Parece increíble que, después de un año entero de espera, el verano se esfume en apenas unas semanas. Cuando por fin llegan los días de playa, las tardes con amigos, el tiempo libre, da la sensación de que todo termina demasiado rápido. Es una sensación compartida por muchas personas, y que, año tras año, nos hace preguntarnos por qué una época tan esperada parece pasar a una velocidad sorprendente.

Durante gran parte del año nuestra vida está marcada por una rutina, las obligaciones académicas o laborales ocupan la mayor parte de nuestro tiempo y los días suelen ser bastante parecidos entre sí. Sin embargo, con la llegada del verano esa monotonía desaparece. Las vacaciones permiten descansar, viajar, descubrir nuevos lugares y dedicar más tiempo a las personas que nos rodean. Precisamente por ello percibimos el paso del
tiempo de manera diferente.

Además, esta época del año suele estar asociada a los momentos más felices: reuniones familiares, fiestas, excursiones o largas tardes con amigos. Cuando disfrutamos de experiencias agradables, tenemos la sensación de que el tiempo transcurre con mayor rapidez, lo que explica la sensación de por qué las vacaciones parecen terminar antes de lo que desearíamos.

Por otra parte, las expectativas que depositamos en esta estación también juegan un papel importante. Pasamos meses imaginando como serán nuestras vacaciones y haciendo planes para aprovechar al máximo. En ocasiones, esa necesidad de exprimir cada instante provoca que los días se acaben casi sin darnos cuenta. Paradójicamente, cuanto más intentamos aprovechar el verano, más fugaz nos parece.

El hecho de que el verano se nos haga tan corto es en realidad una muestra de la importancia que tiene en nuestras vidas. Si sentimos que pasa demasiado deprisa, es porque hemos disfrutado de él y porque hemos creado recuerdos que merecen la pena. Tal vez esa sea una de las razones por las que, esperamos esta época con tanta ilusión y por las que, cuando termina, ya contamos los días para el siguiente.

En definitiva, aunque siempre tengamos la impresión de que las vacaciones vuelan, esa sensación no debe interpretarse como algo negativo, más bien demuestra que los momentos mas felices suelen ser también los más efímeros. Y quizá sea precisamente esa brevedad la que hace que el verano resulte tan especial y que, cada año, lo esperemos con la misma ilusión de siempre.

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