La terminal de cercanías

Esta mañana tenía que coger un tren, uno importante. Me desperté diez minutos antes que de costumbre, para asegurarme de que todo me diese tiempo. Después, desayuné un poco más rápido que de normal y debido al estrés me costó interactuar con mi familia. Me vestí con una ropa más formal de lo normal, para no parecer impresentable. Durante todo este tiempo, miraba la aplicación que me dictaba el tiempo que quedaba para llegar puntual al andén, al tren del destino. 

Decidí maquillarme, para tapar las ojeras por la falta de sueño. Apuré, no encontraba las llaves y me costó abrir la puerta, lo perdía. Bajé corriendo de mi casa, con suerte el ascensor estaba en mi piso, bajé y salí corriendo. Llegué al andén a duras penas y el tren pasó delante de mis ojos, como si no existiese. Sin hacer ni ademán de esperar. Se fue.

Habrás leído esto y te preguntarás porque te lo cuento. Pues bien, analiza de nuevo la situación. Ahora imagínate que el tren es una persona, tu persona. De esas veces que conoces poco pero te mueres por conocer, una persona con una belleza serena, la cual cautiva sin esfuerzo, y con una personalidad que parece ofrecer calor en las noches de invierno. Una persona, la cual ofrece un excelente trato a su entorno, así como el buen servicio que parece ofrecer el tren. ¿Porque no querrías compartir la vida con esa persona?. Empiezas a observar de lejos, sumida en un silencio que quiere convertirse en charlas.
Cada vez las ganas de conocer hasta su última anécdota crecen y crecen. Pero parece también que el sentimiento no es mutuo, ni siquiera un poco. Entonces tomas una decisión, la cual en el futuro sabrás que es una equivocación en mayúsculas.  

Cambias tu perspectiva, y con ello, tus hábitos y lo que te hace ser tú. Él parece una persona callada, y aunque tu no lo eres, decides no contar aquello que te mueres por hacer. Decides reír más discretamente para no parecer exagerada, vestir más formal, cuando tu estilo es un elemento que refleja quien eres. Además, es mejor parecer tener las cosas claras. Sé ya dónde y qué voy a estudiar, así puedo demostrar lo bien organizado que estará mi futuro. 

Quien parecía ser Lara, ya no existe. Ahora es una versión completamente modificada de la persona que solía ser. El resultado de moldearse para gustar, de cambiar tu identidad para demostrar que eres la persona con la que él querría estar. Quien era una persona enamorada de la vida y con muchas anécdotas por contar, es ahora reservada y solo piensa en “alcanzar el éxito” en el futuro. Y aún así, el tren pasa de nuevo ante sus ojos, sin siquiera notificar su presencia, como esa brisa de verano que nunca es suficiente para aliviar el calor. 

Y tras esperar y esperar al tren, el cual siempre acaba cerrando sus puertas cuando estás a punto de subir, decides ir caminando, harta de esperar. Por el camino no paras de pensar en el tren, y en el porque se te ha complicado subir hasta el punto de tener que caminar, en lugar de tomar la primera opción. Lloras, sufres y decides volver a arraigarte a lo que te hace ser tú. Ya no esperas a ningún tren, porque sabes que puedes llegar caminando. Cada paseo diario hacia el destino, paralelo a las vías del tren, te hace aprender, volver a tus raíces y saber lo que necesitas. El tren seguirá pasando, pero ahora no cambias tus hábitos para llegar. Vuelves a ser tú, llegando a través de un camino alternativo. Y, aunque parece tentador ir al andén y viajar acompañada, decides seguir caminando sola.


Cuando encontramos alguien que creemos que es para nosotros, tendemos a encajarnos. Llegamos a ese destino, después de limar todas nuestras aristas, de eliminar imperfecciones y de maquillarnos como perfectos. Nos convertimos en ese estándar que la otra persona parece imponernos. El problema de encajar, es que se necesitan dos piezas. Cuando una de las dos piezas no cuadre, modificamos la nuestra creyendo que es lo mejor para sentirse correspondida. Pero forzar dos piezas solo lleva a romper sus bordes Luchamos por aparentar y por cambiar, esperando cada día que llegue el momento de la aceptación. Poco a poco vamos asumiendo que ese día no llegará, y buscamos el motivo del rechazo en nosotros, ya sin esperanza. 

Llega un momento en el que ya es insostenible, que la teoría de que el error está en nosotros se llena de fallos, aquellos los cuales no veíamos al principio pero ya tenía. La clave está en aplaudir, cantar, reír y vivir sin reparar en quién no lo está haciendo contigo. El amor es el reflejo de lo que ofreces, no un frasco en el que tratar de entrar. El amor es sentirse vivo siendo tú, ese sitio donde encajar no implica dejar de ser.

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