La trampa de los debates online

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“Sticks and stones may break my bones, but words will never hurt me”. Palos y piedras me romperán los huesos, pero las palabras nunca me harán daño. Este es un dicho ampliamente difundido por los países de habla inglesa. Los niños crecen con su constante repetición, en sus casas, en el colegio, entre sus amigos. El habla no causa daño. El daño lo causan las armas.

Esta afirmación no deja de ser una falacia. Una cubierta para no tener que mirar a los dilemas complejos, como la raíz del acoso escolar, a los ojos. Y hay ciertos medios surcando por el internet que son enteramente conscientes de ello. Lo utilizan para distorsionar el mundo, jugar con los sentimientos y adquirir más impacto. Estos son los canales de debate online.

Se presentan en una gran variedad de formatos. Rodear a una persona con sus oponentes, y hacerla debatir a todos. Podcasts y streams, llevados por individuos que buscan contrastar dos posturas contrarias. En la superficie, puede parecer un método de entretenimiento como cualquier otro. Incluso puede dar una impresión de variabilidad, de neutralidad, ya que le dan la palabra a todos los sujetos por igual. Tienen todos su tiempo de cámara. Tiempo que utilizan para gritar, insultar, faltar el respeto. Tiempo que utilizan, no para debatir, sino para pelear.

Una pelea no requiere contacto físico, ni un peligro real. Solo precisa de dos personas o más con ganas de triunfar, de asentir su dominancia de manera hasta agresiva. Este perfil de personalidad es el que buscan los canales, aquellos que no tengan miedo de jugar sucio, de soltar salvajadas con tal de llamar la atención. Seleccionan a dos que ya vengan enfadados de casa, los sientan uno enfrente de otro, plantea el mediador una pregunta y ya realizan ellos todo el trabajo. No hay ni que editar de ninguna manera estos altercados para que se transmita la enemistad que sienten el uno por el otro a través de la pantalla. Escucharles disparar “joderes” e “hijodeputas” como balas de una pistola, notar la gradual subida de tono mientras se involucran más en el tema, ver la mirada desesperada del mediador cual corresponsal de guerra en medio de un bombardeo, es todo lo que necesita el cerebro del espectador para generar adrenalina.

Esa adrenalina es todo lo que necesitan los dueños de los programas para mantenerle a una parte preocupante de la población enganchada. A medida que aparecen más “debates” destacados en las pantallas de Youtube o Tik Tok, crece la polarización, alimentada por el revuelo que provocan los vídeos, que parecen prometer unión de partidos, pero funcionan para todo lo contrario. Incluso si muestran puntos de vista distintos, la rabia de observar al que vemos como un enemigo ofender a toda tu comunidad de la manera más inmadura posible no genera empatía, ni intención de ver el mundo desde otra perspectiva. Genera un rechazo inmediato a sus ideas. 

No abre mentes, las cierra con llave. No estoy condenando a cualquiera que consuma este tipo de contenido. Yo misma caigo en la trampa de vez en cuando. Solo pido que quien lo haga, que lo haga con conciencia, y no lo utilice como combustible para el refuerzo de su ideología. Y si esto es lo que buscan, en la misma plataforma se pueden encontrar una gran cantidad de exposiciones y ensayos que son a la vez entretenidos e informativos. La orientación política es una característica determinada por el propio individuo, y la responsabilidad de posicionarse conscientemente también. No se conviertan en los locos de los vídeos. Edúquense, ábranse a perspectiva distintas a las suyas, y ante todo, mantengan la compostura. Porque, al perder el respeto por el prójimo, se pierde nuestra humanidad. Porque las palabras sí causan daño.

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