El premio planeta: ¿talento literario o estrategia de marketing?
Cada otoño, desde el año 1952, uno de los premios más relevantes de la literatura acapara titulares, el Premio Planeta. Es, sin duda, el galardón más mediático de la literatura hispana. Pero, en los últimos años, ha generado dudas de haberse convertido en una operación de marketing a gran escala, más que en el obsequio a la calidad que siempre prometió ser.
En la última edición de este premio, llevada a cabo hace poco más de dos semanas, el premio fue entregado a Juan del Val por su novela Vera, una historia de amor. Arturo Pérez-Reverte declaró con ironía “El Planeta no se gana, se concede”. Y es cierto que, los ganadores acostumbran a ser personas muy conocidas, lo que nos puede llevar a pensar que el premio se concede en conveniencia de la editorial, por la fama y visibilidad del autor, pudiendo provocar esto que el premio pierda poco a poco su esencia.
Por consiguiente, ¿qué sentido tiene crear un premio literario para elogiar a autores simplemente por su renombre en vez de por sus párrafos? Es comparable a darle el premio Nobel de la paz a un famoso actor por alguna de sus películas, ya que este vendería más que la mayoría de activistas.
En los últimos años, la gran mayoría de asociaciones han actuado en base a lo que les conviene, en lugar de actuar a favor de lo justo y lo correcto.
Si bien es cierto que la Editorial Planeta debe de obtener rédito de su alabado premio, no es correcto ni ético, concedérselo a estrellas, no dando oportunidad y visibilidad a los pequeños grandes escritores, que han mostrado su talento sobre el papel, pero les resulta imposible llegar a la altura de los más grandes en cuanto a cifras.
Por otro lado, ¿cómo de acertadas fueron las declaraciones de Pérez-Reverte ? Paradójicamente, Arturo Pérez-Reverte también usó su visibilidad para crear polémica, además de dejar entrever que la novela de Juan del Val no merecía tal galardón, lo cual es insostenible sin hacer un análisis crítico de la obra, y poner en entredicho a la Editorial Planeta. De esta manera, su comentario no hace más que reforzar el espectáculo mediático.
En definitiva, el problema no radica únicamente en el Premio Planeta, sino en la obsesión de guiarse por los números, en lugar de crear una obra con el objetivo de que perdure en la memoria del lector, que es para lo fue creada la literatura.