¿Democracia o gobierno del pueblo?

IMG_0315
IMG_0315

Este sábado, 6 de diciembre, conmemoramos el aniversario de la Constitución Española de 1978, que lleva vigente más de 47 años. En ella, se recogieron los valores de la democracia y el civismo de la sociedad española de aquellos tiempos, gracias a políticos que estuvieron a la altura y fueron capaces de anteponer el bien común a cualquier otro interés y que cumplieron su papel de escuchar y mejorar la situación de los españoles, que habían sido privados de derechos y libertades años antes por la dictadura franquista. Sin embargo, ahora la política parece haber tomado el camino de la hipocresía y la avaricia, con partidos a los que  parece preocuparles más el número de votos que cumplir lo que prometen y velar por el bien de los españoles. 

La Constitución Española, redactada durante el gobierno de la UCD de Adolfo Suárez, tras ganar las primeras elecciones democráticas de España, es, ha sido y seguirá siendo nuestro faro guía para la convivencia. El año 1978 supuso un punto final a las restricciones que tenían los españoles desde 1939, ya que sus opiniones y su libertad de expresión habían sido oprimidas. Con su aprobación, terminó de consolidarse el valor de la concordia, la generosidad y el acuerdo y  la importancia de la libertad de mostrar la  opinión, desde el respeto a la diversidad de todos los españoles. España habló y decidió, mediante un referéndum que la Constitución era necesaria, para  sentar las bases y valores de la democracia.

Por consiguiente, todos esperaríamos que la política española no hiciera más que mejorar, pero nada más lejos de la realidad. Los políticos españoles parecen haber perdido el rumbo y las ganas de mejorar nuestro país. En 1978, se consiguió un impulso incuestionable para superar años de injusticias. Y sin embargo, en la actualidad, parece que prefieren pelear en debates sin sentido y reírse de sus contemporáneos en lugar de aportar soluciones, o cumplir las promesas por las que fueron votados, siendo incapaces de buscar el consenso que sus predecesores tanto lucharon por conseguir. 

Aunque Sócrates ya hubiera visto lo corrupta que podía llegar a ser la democracia ateniense, hace más de dos milenios, habría sido imposible imaginarse cómo podía llegar a evolucionar la hipocresía y el egoísmo de nuestros dirigentes políticos. En un momento crucial de nuestra historia, se consiguió redactar una Carta Magna que plasmaba justicia, derechos, convivencia e igualdad, gracias a la capacidad de consenso de los políticos de la transición y su afán por buscar el bien de todos los españoles. En el momento actual, como ciudadanos vemos con perplejidad, preocupación y decepción, como los partidos políticos dedican más energía a acusarse mutuamente y esconderse tras excusas, sin asumir sus responsabilidades y centrarse en lo importante, los ciudadanos. Discutiendo de esta manera como si de dos bandas criminales se tratase, lo único que consiguen es alimentar la frustración por parte de una ciudadanía, que alguna vez confió plenamente en ellos, dejando la sensación de que el Congreso de Diputados se ha convertido en un anfiteatro en el que se reproduce una tragicomedia sin sentido, en vez de ser el lugar desde donde se gobierna un país.

La Constitución Española es la guía de la convivencia, la justicia, la igualdad y el derecho de todos los españoles. No podemos permitir que por intereses partidistas, sean del color que sean, se ponga en juego el esfuerzo y el consenso que se obtuvo en 1978, en aras de una España mejor.

Estás utilizando Opennemas CMS
PRUÉBALO AHORA