Carta a los directores

Por mí y por todos mis compañeros

Por mí y por todos mis compañeros

Don Gregorio, el profesor rural de La Lengua de las mariposas, es el maestro que todos querríamos tener y que, de uno u otro modo, casi todos hemos tenido.

Creo que puedo hablar por mis compañeros cuando digo que don Gregorio no es solo el tipo de maestro que nos gustaría haber tenido, sino el que nos gustaría ser: ayudar a nuestros alumnos a descubrir el mundo o a verlo con otros ojos, y ser a la vez conscientes de ello. En medio de esa pretensión nos encontramos con el aburrimiento de nuestros adolescentes ante algunas lecciones o el “para qué” (espero que alguna vez se den cuenta de para cuánto). Para qué necesito saber sobre sintaxis, para qué hay que aprender los verbos y (esto, sin duda, lo peor) para qué tengo que leer ese libro.

La semana pasada Mario y Antonio cuestionaban en este periódico los libros de lectura obligatoria pues, según su excelente argumentación, no sirven para motivar al alumnado a la lectura. Y tienen razón: en algunas (o muchas) ocasiones es así. Pero nosotros tenemos dentro a una maestra que nos lleva a querer descubrir a nuestros chicos el valor de los libros y de todas las posibilidades que abren. Todos nosotros hemos tenido a un don Gregorio que en su momento nos lo descubrió; en mi caso, fue mi tía Carmen (ella también maestra), quien seleccionó para mí maravillosos libros que primero me leía y, cuando yo ya sabía, leíamos a la vez para después hablar de ellos (recuerdo maravillas como El Pampinoplas o Ut y las estrellas). ¿Qué sería una profesora de literatura a la que no le gustase leer? Reformulo: ¿cómo podría una profesora de literatura renunciar al intento de mostrar a sus alumnos el poder de los libros? En eso estamos: buscando y rebuscando en catálogos, cambiando cada año los que creemos que no han funcionado, inventando mil y un proyectos, mil y una actividades para, de vez en cuando, ser agraciadas con el premio gordo de ver que a un alumno un libro le ha descubierto algo. Un éxito quizás discreto, pero totalmente necesario.

Sonia Menán Reguera

Por mí y por todos mis compañeros
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