Sudán sigue en llamas y al mundo le da igual
Uno de los mayores países en África lleva siendo uno de los lugares más inestables del planeta desde que surgió en 1956, pero ahora se está enfrentando a una de las mayores amenazas de su historia debido al conflicto que desde 2023 enfrenta a dos ejércitos por el control de país. Sin embargo, la guerra no solo enfrenta a dos milicias internas, sino que se ha convertido en un escenario para las disputas de todo Medio Oriente, y en medio de todo ese caos, millones de civiles han muerto o se han visto obligados a abandonar el país. Esto no es una historia de una película de ciencia ficción, es la realidad para los ciudadanos de Sudán.
El 15 de abril de 2023 los vecinos de la capital de Sudán, Khartoum, se despertaron con el sonido de las explosiones y las balas, las tropas del RSF (Rapid Support Forces o Fuerzas de Respuesta Rápida”) liderado por Muhammad Hamdan Dagalo Musa, alias Hemedti, habían decidido atacar la capital para intentar quitar del poder al comandante y líder Abdel Fattah Al-Burhan, que había sido líder del país desde 2019 cuando este lideró un golpe de estado contra el antiguo líder. La batalla no acabaría hasta el 26 de marzo de 2025, pero su efecto fue claro: fue el detonante que inició la fase de la guerra total, en la que el RSF y sus aliados de varias milicias lucharían contra las fuerzas armadas en lo que se convertiría en una de las guerras más mortales de este siglo.
Mas las hostilidades no comenzaron ahí; de hecho, llevaban décadas sucediendo, debido a que Sudán estaba pasando por una época convulsa con la sucesión de varios golpes de Estado.
Lideradas por una dictadura militar, muchas personas decidieron iniciar una revuelta contra el régimen, que evolucionó en el Ejército por la Liberación de Sudán, una organización que buscaba la liberación de la zona de Darfur. La respuesta del Gobierno fue buscar ayuda en Janjaweed, una milicia de partisanos árabes que, apoyados por el dictador libio Muammar Gadaffi buscaban la hegemonía de los árabes sobre otros grupos étnicos africanos. Estos partisanos aplastaron las revueltas y se mantuvieron durante décadas, asumiendo altos puestos en el gobierno como un segundo ejército que podría ser desplegado en caso de una rebelión de la población. No obstante, esta alianza era frágil y finalmente se rompió cuando Al-Burhan trató de unir Janjaweed al ejército nacional, eliminando así su situación independiente, lo que provocó un gran descontento entre las filas de la organización que ya estaba acostumbrada a tener poder y causó su división. Entre esos grupos que aparecieron tras la caída de Janjaweed surgió el RSF, el cual pretendía tomar el país, que se convertiría en el principal actor de la guerra.
Después del comienzo de la batalla en la capital la guerra se extendió rápidamente, especialmente en la región de Darfur, donde las fuerzas insurgentes eran mucho más numerosas que las fuerzas gubernamentales, lo que les permitió tomar gran parte de la zona sin mucha oposición, y ahí se originó una de las características que marcarían este conflicto, la cual sería la brutalidad dirigida en contra de la población civil especialmente aquellos de grupos étnicos diferentes a los que conformaban las filas del RSF, especialmente los masalit. De estos últimos, más de cien mil han sido asesinados desde el comienzo de la campaña en Darfur, con miles más habiendo sido violados, secuestrados, vendidos como esclavos o simplemente desaparecidos. Desde 2024, hay una ciudad que se ha convertido en el ejemplo perfecto de esto: El Fahser, la cual fue asediada y, una vez que la ciudad cayó, una gran parte de sus habitantes fueron asesinados por haberse resistido a la invasión.
Además, no solo las muertes directas por la guerra asolan el país, sino que millones de personas se encuentran en un estado de crisis debido a una hambruna generalizada que proviene del confisque de recursos para la guerra. Por encima de eso, una grave epidemia de sífilis y VIH se ha extendido por el país debido a la gran cantidad de violaciones que suceden día a día, y grandes inundaciones causadas por las abundantes lluvias de este año destruyeron cientos de hogares. Todos estos factores ayudaron a crear lo que muchos expertos llaman la peor crisis migratoria de este siglo, ya que según estimaciones, más de veinte millones de personas han abandonado el país con esperanzas de encontrar un destino mejor que el que puede ser hallado en su país de origen.
Pero la guerra no es solo una lucha entre una facción y un gobierno militar, sino que es otro campo de batalla en una disputa que lleva años dividiendo a Oriente Medio, la de Arabia Saudí contra los Emiratos Árabes Unidos. Estos dos países que, aunque en un comienzo fueron aliados, ahora son enemigos por la supremacía en Oriente Medio, para la cual usan una estrategia de proxys en la cual ambos bandos ayudan a diferentes grupos que se enfrentan, midiendo así sus fuerzas y capacidades militares sin poner en riesgo sus propios ciudadanos. Es decir, Sudán no es el único de estos escenarios; Yemen, Libia, Somalia, todos ellos son definidos por la misma rivalidad, pero Sudán es por el momento la más mortal de estas. A pesar de eso, la guerra no enseña indicios de acabar, es más, los indicios sugieren que va a aumentar en tamaño debido al apoyo de más países. (Egipto y Turquía para el gobierno central y Etiopía y Somalia para el RSF), Además, los signos que podemos observar muestran una imagen de violencia étnica en aumento, que si no se controla podría causar la muerte a miles de personas.
Pero el mundo decide olvidar esta guerra, ¿por qué? Principalmente porque no es una que nos quede cerca, a diferencia de Ucrania o Gaza; sucede en un país del que muchas personas no conocen siquiera su existencia, y los grandes jugadores internacionales que apoyan el conflicto no quieren que la gente lo sepa, ya que preferirían quedarse en el anonimato y sus acciones sin respuesta. Ya que están financiando uno de los mayores desastres de la historia moderna, y les está funcionando porque muy poca gente está informada de esta guerra, y entre todo esto, los ciudadanos de Sudán siguen sufriendo en el olvido, sabiendo que Occidente ha decidido darles la espalda.