El ayatolá ha muerto

En un giro de los acontecimientos que nunca hubiera previsto, en una operación combinada del ejército israelí y estadounidense se bombardeó el edificio de seguridad del ayatolá Khamenei. En un primer momento se pensaba que el ataque había sido un fracaso, que el líder iraní habría escapado, pero hoy se confirmó que no: él estaba allí y la bomba alcanzó su objetivo, decapitando al régimen iraní.

La mañana del uno de marzo la televisión iraní emitió un informativo especial, anunciando la muerte del líder supremo a todos los chiíes del mundo. El informe también mencionó que fue una bomba israelí la que cayó sobre su refugio y acabó con la vida del líder. Esto impactó a muchos creyentes a lo largo del planeta, que han decretado cuatro días de luto por el ayatolá fallecido.

Por su parte, la Guardia Revolucionaria hizo un informe muy distinto, afirmando que, a pesar de este ataque que mató al líder del Estado, Irán estaba listo para esta posibilidad. Afirmaron que ya tienen un consejo de transición para mantener el mando del país hasta que la guerra acabe y se pueda escoger otro ayatolá. También prometen que la venganza llegará con docenas de nuevos ataques, principalmente dirigidos contra Israel y contra las bases estadounidenses en naciones del golfo.

Estas no fueron amenazas vacías, ya que a primera hora de la mañana decenas de misiles de crucero fueron lanzados hacia Israel, y algunos lograron impactar en un barrio residencial de Tel Aviv. Además, otros grupos de misiles impactaron en ciudades como Abu Dhabi, Manama y Doha, donde se alcanzaron varios objetivos, en su mayoría civiles.

Si alguien aún se pregunta, no, esto probablemente no signifique el fin de la guerra. Es más, muy probablemente signifique lo contrario: un endurecimiento de los combates, ya que desde ahora el gobierno dice que dedicará todas sus fuerzas al conflicto. Así que, por lo que se espera, esto se convertirá en una historia de mártires que le dará al pueblo iraní la fuerza para luchar incluso si todo parece perdido.