Hijos de los volcanes

Imagen de protestas contra la masificación.

Soy de Tenerife, Islas Canarias, ese archipiélago del que ahora todo el mundo conoce por la cultura que exportamos. Cantantes como Cruz Cafuné, La Pantera y por supuesto, Quevedo han marcado una línea de ruta clara para los jóvenes isleños sobre nuestra identidad y lo que realmente queremos que signifique la vida en las islas.

Gracias a elementos como la música, nuestro acento o incluso nuestra propia forma de ser, se ha creado una imagen que se proyecta sobre nosotros a lo largo de todo el Estado español. Proyectos como “el baifo”, acompañados por unas redes sociales que idealizan nuestro territorio y forma de vida, crean una narrativa sobre el archipiélago que en muchos casos no se corresponde con nuestra realidad. A través de este artículo busco exponer lo que realmente considero que es vivir en Canarias y hacer un llamado a la conciencia sobre nuestra situación actual.

Lamentablemente, siento ser yo quien lo diga pero ser canario no es solo coger la guagua para ir a cualquier lado, tampoco es comer barato en un guachinche o ponerse moreno en un charco. Ser canario es muchísimo más, y también es ver cómo en nombre del beneficio turístico se considera lícito destruir nuestro territorio, es tener que recibir los sueldos más bajos de toda España  o incluso es la enorme falta de oportunidades de todo tipo que tanto nos limita en cuanto a futuro se refiere.

La lista es larga y podría seguir enumerando desgracias que no te cuentan en ninguna red social, por el simple hecho de que romperían su relato de “paraíso” que nos han construido a base de golpes. Y es que es crucial hacer entender al resto del mundo que no somos solo sol y playa, somos años de abusos que han terminado por unir a nuestro pueblo en nuestra propia miseria.

No me malinterpretéis, las islas son sin duda el lugar más bonito que jamás podría haber imaginado y la gente que aquí vivimos somos afortunados al formar parte de una riquísima cultura que cruza hasta 3 continentes para forjar nuestra propia identidad. Pero parece que ese paraíso que presumimos se está convirtiendo en el edén de unos pocos por las condiciones tan deplorables de nuestra infraestructura que se suma a incontables dramas sociales y humanitarios para hundirnos en los gráficos sobre calidad de vida.

Con situaciones como la erupción del volcán de La Palma o las protestas contra el modelo turístico del 20A nos dimos cuenta de la enorme capacidad de movilización que tenemos, pero mientras las instituciones nos sigan tratando como aplatanados o nuestro propio gobierno nos quiera trabajando en hoteles y bares a jornadas abusivas por un sueldo mínimo, no podremos avanzar. Porque nuestra situación actual es completamente insostenible.

Es por eso mismo me asusta pensar que ser canario va rumbo a ser solo para quien pueda permitírselo. Ese será nuestro destino seguro si no bregamos para que esto jamás suceda y podamos vivir dignamente en nuestra propia tierra.

Espero que las generaciones que estamos viniendo ahora, entendamos factores cruciales para conservar nuestra identidad y orgullo, factores básicos como el no ceder ante multinacionales buitre, no dar espacio a que nos echen de nuestros barrios y por supuesto dejarle claro al poder que el pueblo canario no deja que nadie pise sus raíces. Debemos de entender todo esto porque esta situación actual no es solo cuestión de perder palabras autóctonas de nuestro léxico o perder fechas de nuestro almanaque, esta situación amenaza con destruir Canarias.

Nuestra Canarias.