El arte de controlar la creación

“Mamá, quiero escribir un libro”. Con tan solo 9 años, ya me gustaba la escritura y todo lo que la rodeaba. Devoraba libros y escribía capítulos de Diario a un general, mi proyecto de escritura que tanta ilusión me dio. Contaba con el apoyo de mis padres, quienes me acompañaban a la biblioteca, leían cada avance de mi libro y me reforzaban positivamente. En esa etapa, la figura de la familia es fundamental. Los padres son los referentes para todo durante esta fase del crecimiento.

 

A mis 12 años, llegó el cambio al instituto, un ambiente nuevo, adolescente. La tensión se notaba en el ambiente del centro escolar, las conversaciones eran superficiales, y parecía que nadie de mi círculo tenía pasión por otra cosa que no fuesen los temas cotidianos o los romances adolescentes. Poco a poco, fui adentrándome más en ese mundo, volviéndome parte del juego de la superficialidad y dejando atrás mi verdadera identidad. Me volví una oveja más del rebaño, siguiendo modas, repitiendo todo lo que decían las personas que admiraba de mi grupo e incluso olvidando de dónde venía. La figura de la familia pasó a un plano secundario, ya que, como es bien sabido, en la adolescencia las amistades son el apoyo e influencia más importante. Pero debía parar; seguir en un ambiente así reducía mi creatividad y mis ganas de estudiar. Vivía en modo automático, y el mejor momento de mi día era cuando usaba las redes. Mis únicas lecturas eran las obligatorias del colegio, y ya ni escribía. 

 

Al fin, hubo un cambio, una época de tormento que me devolvió a mis raíces. Me cambié de colegio, y con ello, de círculo de amistades. Empecé a descubrir gente con la que compartía pasiones como la de escribir y leer, especialmente con una amiga. Poco a poco dejé de avergonzarme por quien realmente era e intenté retomar lo que más me gustaba. Todos los meses de ansiedad que llevaba acarreando salieron a través de poemas, los cuales me ayudaron a desahogar y sacar la parte más pura de mi. Pero había poca gente que compartiera sus creaciones, por lo que no me importaba decir que escribía, pero me mostraba reacia a enseñarlo.

Ese último matiz finalmente se perfeccionó. Un año más tarde conocí a la persona que me hizo cambiar mi visión del arte. Una persona que me introdujo de nuevo en el mundo de la escritura y la lectura. Compartía conmigo sin vergüenza sus creaciones, animándome a ser quien realmente era. Decidí hacerle caso, ya que lo que me proponía parecía tener sentido.

 

Y sí, tenía toda la razón del mundo; sus palabras eran absolutas verdades. Esta conexión conmigo misma me hizo entrar en una laguna de paz mental que no encontraba desde que era una niña. Empecé a compartir mi arte y a recibir las ideas de mis nuevas amistades, quienes me animaron a crear y a su vez ellos también crearon. Y sin recibir casi refuerzos positivos, con tan solo acompañamiento y empatía, mi autoestima crecía. Dejé de usar tanto los dispositivos, volví a mi deporte de toda la vida y cambié mi estilo de vestir al que realmente me gustaba, ya que era también una forma de expresar mi arte. 

 

Para saber quien realmente eres, es necesario que expreses tu arte. Sea cual sea tu pasión, compartirla es fundamental. Y esto solo puede ser posible si confías y sientes tranquilidad en tu círculo. Las personas con las que te juntas hablan de quien realmente eres, y tu pasión es tu identidad. Si tu entorno no entiende tu pasión, rebelarse parece una buena idea, sí, mas siento decirte que casi nunca funciona. Sin apoyo, es muy complicado tener la suficiente personalidad para crear y compartir tu arte. Un gran ejemplo de ello son los artistas emergentes, ya que los que no reciben apoyo, deciden dejar atrás su pasión y se emplean en cualquier puesto que les convenza un mínimo. Y yo me pregunto, ¿qué sería de mí hoy si no hubiese encontrado a estas personas?.

 

 Pues es una pregunta imposible de responder, mas lo que sí puedo hacer es dar las gracias. Gracias a las personas que han compartido su arte abiertamente conmigo, y gracias a los que nunca han dejado de insistir para que no dejase de escribir. Porque si lo hubiese dejado en su día, no sería posible para mí hoy escribir este artículo. Si te encuentras en un momento donde no sabes si retomar tu pasión, o simplemente en una ansiedad continua, haz lo que realmente te llena, expresa tu arte. Porque sin arte, no seríamos personas y la persona que eres determina el arte que creas.

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