Separar la obra del artista
"Todo arte es autobiográfico; la perla es la autobiografía de la ostra" (Federico Fellini)
El filósofo Roland Barthes cuestionaba la idea tradicional de que una obra tiene un significado “verdadero” determinado por la intención de su autor. En lugar de eso, propone que un texto no nace exclusivamente de un individuo, pues es más bien un entramado de influencias provenientes de todo lo que el autor ha leído y vivido. Por eso, el autor no es un “creador original” en sentido absoluto, sino un conjunto de vivencias previas, una especie de reorganización de ideas preexistentes. Por ello, Barthes exponía que el significado de una obra no lo fija el autor, sino el lector. Cada lector, con su contexto, experiencias e interpretación, es el que le aporta sentido al texto, “el nacimiento del lector debe pagarse con la muerte del autor”. Es decir, no negaba la existencia de un autor en sí, sino que defendía que este no debe ser el que controla el significado de la obra.
Desde mi punto de vista, el autor es fundamental para la concepción de una obra. Es por eso que defiendo que no se debe, ni se puede realmente, separar la obra del artista. Es verdad que para cada persona, una obra no significa exactamente lo mismo. De todas formas, como sugiere la cita que este artículo lleva por título y como explica la filosofía de Barthes, la vida del autor es lo que da forma a sus obras. Por ejemplo, si Franz Kafka no hubiese tenido el padre que tuvo, no existiría “La metamorfosis”. Si Maruja Mallo no hubiese entrado en el círculo de surrealistas y conocido sus trabajos, no habría desarrollado una parte muy importante de su obra. Si Luis Alberto Spinetta no hubiese visto los cuadros de Van Gogh o leído la filosofía de Antonin Artaud, no habría escrito su álbum considerado el más importante de la música argentina. A pesar de que el significado varía ligeramente de manera personal, los sentimientos son, en su mayor parte, universales. El amor, el desamor, el sentimiento de insuficiencia, la desigualdad, el dolor, la muerte, la ira…Y considero que es eso lo que nos hace decantarnos por unos autores u otros. No obstante, cada autor los explora de maneras diferentes, dado que cada uno ha experimentado diferentes situaciones, y es ahí donde reside su autoría, en la combinación única y personal de vivencias y cultura. Federico García Lorca y George Orwell tratan algunos temas comunes, como el amor, pero ambos desde perspectivas completamente diferentes, y eso se debe a sus respectivos pasados. Por tanto, es cierto que para comprender una obra, por lo general, no es absolutamente necesaria la vida del artista, pero sí para la creación de ella; sin la ostra, la perla no puede existir.