El Concierto de Año Nuevo: ¿Progreso o Excusa?
Uñas pintadas, anillos y un traje sin corbata. Esta fue la imagen del director del concierto que cada año acompaña la mañana del uno de enero, el Concierto de Año Nuevo de Viena, Yannick Nézet-Séguin. Durante el espectáculo, incluyó gestos nunca antes vistos, como bajar del estrado durante la icónica Marcha Radetzky y mezclarse con el público, para después besar a su marido, violinista de la misma orquesta.
Hay voces que dicen que es el mejor concierto de Año Nuevo del siglo. Su originalidad, mezclada con su impecable técnica y entusiasmo, ha suscitado la atención de públicos que ya habían perdido el interés por la música clásica hace mucho tiempo. Sin duda, el soplo de aire fresco que proporcionó Nézet-Seguin debe ser algo de lo que enorgullecerse como organización, ¿o no?
Solo que detrás de una sola persona que no cumple la normativa, se esconden 86 años de una ideología arcaica, que no ha dejado actuar a una mujer como directora, que sólo el año pasado empezó a incluir piezas dirigidas por alguien del género femenino. Una organización que decidió ignorar todas las llamadas a la igualdad y adscribirse a la profunda misoginia de la industria de la música clásica.
No se confundan, la edición de 2026 fue un paso en la dirección correcta, pero por favor no nos conformemos. Sería caer en la mentira, y hacer parar un movimiento que necesita muchas voces para poder crear un impacto. Un impacto muy necesario, ya que solo el 1% de las obras programadas son de compositoras, dirigidas por alguien que solo tiene un 5% de probabilidades de ser mujer.
Porque es inhumano que en el año 2026, con gente ya diciendo que el feminismo ha llegado “demasiado lejos”, no haya aparecido ni un rostro femenino en la dirección de un concierto de tal calibre. Es hora de darles luz a ellas, a las mujeres que han sido ignoradas todo este tiempo.
El concierto fue precioso, emocionante y original. No tengo ninguna duda del talento de Nézet-Seguin. Pero espero que este camino a la igualdad no pare aquí. Espero que en los siguientes diez años, se pueda ver por lo menos una “a” añadida al final de la palabra “director”. Las mujeres conforman la mitad de la población. No estaría de más, ¿no?