¿Que pasa con la vivienda?
La semana pasada, el colegio asistió al congreso Lo que de verdad Importa 2026. Este evento está organizado por la fundación LQDVI, que se dedica a compartir testimonios de personas que tienen una historia que merece la pena contar. Esta clase de actos están orientados a un público mayoritariamente joven, los diferentes ponentes orientan sus intervenciones a advertir, motivar y concienciar a alumnos de centros públicos y privados de toda España. Fruto de este compromiso con la juventud, la asociación quiso organizar un encuentro entre jóvenes, autoridades y empresas gallegas para que juntos pudiesen compartir su visión del mundo y transmitir sus preocupaciones.
Yo mismo, Mario Navarro, tuve la oportunidad de asistir al encuentro, junto a alumnos universitarios y escolares. En él, nos reunimos con representantes de diferentes empresas españolas como Telefónica y con políticos autonómicos y locales. Tuvimos la grandísima fortuna de poder transmitir nuestras inquietudes a personas con tanta relevancia en nuestra comunidad autónoma, y hacerles conscientes de los retos que presenta el mundo a los adolescentes de nuestra generación. A pesar de que, ese día, se hablaron de varios temas, hubo uno que resaltó por encima del resto, ocupando la mayoría del tiempo que compartimos: el acceso a la vivienda.
Hoy por hoy los jóvenes nos enfrentamos a infinidad de retos, pero ninguno es tan desafiante como la crisis inmobiliaria. Desgraciadamente, algo que debería estar implícito en nuestra vida, como lo es tener un espacio para vivir, crear recuerdos y ver nacer a nuestros hijos, se está convirtiendo en un objetivo idealista que pocos podrán lograr en el futuro. En la reunión, la pregunta que se lanzó a los políticos que asistieron en representación del gobierno central, autonómico y local, fue la que cualquier ciudadano de a pie se formula cada día: ¿Cuándo comenzaremos a ver resultados?
Esta cuestión fue respondida de manera parcial (todos conocemos la habilidad innata que tienen nuestros representantes para evitar dar ciertas respuestas) ofreciéndonos un análisis de la problemática desde distintos ángulos, explicándonos la falta de oferta en el sector, los largos trámites burocráticos por los que hay que pasar para urbanizar suelo y la excesiva inflación de los precios. También nos hablaron de proyectos que habían sido puestos en marcha para generar vivienda social y aquellos que ya se habían terminado, hablándonos de años de espera para disponer de unas escasas 2000 viviendas públicas.
Para mi desilusión, la sensación con la que entré aquella mañana al encuentro, fue la misma que tuve al salir. Y es que ninguno de los que estuvieron presentes en esa reunión fue capaz de convencerme o de darme esperanzas de que esta situación vaya a mejorar en el corto plazo, y aun teniendo todo esto en cuenta, lo que más me preocupa es que apenas lo intentaron. Probablemente no me dieron esperanza porque ni ellos mismos confían en que estemos cerca de un cambio de dinámica en cuestión de vivienda; hemos llegado a extremos que años atrás se antojaban impensables para una sociedad como la nuestra, el precio de la vivienda crece cada vez más y el trimestre pasado ya obtuvimos la media más alta por m2 de la historia.
Es por ello que el propósito de este artículo no es otro que reiterar en la preocupación que los jóvenes tenemos cuando hablamos de nuestro futuro, la incertidumbre e impotencia que sentimos cuando leemos el periódico y somos conscientes de la complicación que nos va a suponer independizarnos en un futuro. La triste realidad es que nadie tiene las claves para solucionar este problema, ni siquiera nuestros mandatarios. España tiene una juventud prometedora y muy competitiva, pero les esperará un futuro mediocre si no se consigue arreglar las dificultades para entrar a un bien básico como alguna vez fue la vivienda.