No más libros impuestos, por favor

Los libros han sido desde el inicio de la historia los principales responsables de que hoy comprendamos como vivían nuestros antepasados. A través de ellos hemos podido conocer las costumbres de aquellos tiempos. Y, gracias a estos registros, poseemos también el conocimiento de los grandes pensadores de la historia, cuyas teorías siguen siendo relevantes para nuestra sociedad. Además los libros han sido los encargados de la creación de algunos de los personajes más míticos de la historia, como Don Quijote, el Cid Campeador, los tres mosqueteros…que, aún en nuestros tiempos, continúan siendo leyendas. Los libros son, en definitiva, una fuente inagotable de conocimiento y cultura.

Sin embargo, últimamente escuchamos la afirmación de que la lectura en los jóvenes es cada vez menos frecuente. Es por ello que el objetivo de este editorial es analizar como las lecturas obligatorias contribuyen a esta problemática y aportar soluciones que se podrían aplicar desde los centros educativos para promover la lectura entre los jóvenes. Desde Noticias del subsuelo queremos dirigirnos con este artículo a todas las profesoras de literatura y ofrecerles nuestra visión.

En primer lugar es procedente explicar como funcionan las lecturas obligatorias en el colegio. Desde muy pequeños, los alumnos recibimos a principio de curso tres obras que deberemos leer. Normalmente se adjudica un libro a cada trimestre y, al final del mismo se probará el conocimiento del alumno sobre el libro mediante un exámen. Este método resulta muy poco atractivo para el alumnado, que normalmente acaba por leerse un resumen el día anterior a la prueba. 

El motivo de esto es muy simple, en una clase de niños de primero, segundo o tercero de la ESO, los perfiles son muy diferentes y es muy complicado conseguir un libro que se ajuste al gusto de todos. De esta forma, una de las grandes ventajas de la literatura, que es la variedad de géneros, se ve anulada. Además, muchas veces, el hecho de que haya que enfrentarse a un examen al acabar de leer un libro, provoca que la lectura se sienta como un momento de estudio, en lugar de lo que debe ser: ocio

Para solucionar esto, nosotros proponemos un sistema que rompe completamente con lo establecido, fruto de nuestro descontento con el actual. En primer lugar, mantendríamos el porcentaje que la lectura representa en la nota final, sin embargo no obligaríamos la lectura de ningún libro, y serían los propios alumnos quienes tendrían que elegir una obra por trimestre. Cuando llegase el momento acordado se haría una puesta en común, en la que alumnos y profesor compartieran su experiencia leyendo el libro que cada uno de ellos escogió al inicio del trimestre. Y sería el profesor el que, en base a la explicación del alumno, deberá decidir la nota que recibe cada uno en este apartado.

Con este sistema los niños experimentarían con diferentes libros, y recibirían consejos de sus compañeros sobre a qué perfil de persona está dirigida la obra. Con este método, la lectura seguiría siendo obligatoria, pero de una forma mucho más estimulante para los alumnos.

Para concluir, agradeceríamos enormemente que algún profesor se animara a adoptar este método, somos conscientes que las lecturas obligatorias no son el único motivo de que los jóvenes leamos poco, sin embargo, es el granito de arena que podemos aportar al problema. Por último, queremos recordar que una juventud con poco hábito de lectura se traduce en una sociedad inculta y fácil de manipular. Es por ello que si tú, estimado lector, ya no te acuerdas del último libro que has leído, te invitamos a escoger uno y a que te vuelvas a dejar seducir por el maravilloso mundo de la literatura.