El uniforme

Uno de los símbolos más representativos de nuestra escuela es, sin lugar a dudas, el uniforme. Esas prendas con las que nos vestimos para acudir cada día al colegio y que siempre han estado rodeadas de opiniones dispares. Algunas personas alegan que anulan nuestra creatividad; otras tan solo agradecen no tener que dedicar más de 2 minutos a vestirse por las mañanas. Pero… ¿cuáles son las verdaderas implicaciones de estas polémicas vestimentas?

En primer lugar, es innegable que, como institución educativa, la imagen es algo muy importante y poder asegurarse de que todos los alumnos estudiamos con los mismos “outfits” semiformales es un beneficio como marca. De esta manera se previenen los problemas relacionados con la ropa que se puede o no traer al colegio.

Además, hemos de tener en cuenta que en nuestro centro hay alumnos de todas las edades, desde los 3 años, y para los padres de nuestros compañeros más pequeños supone una gran comodidad evitar gastar tiempo en decidir la ropa de cada día. Incluso para nosotros supone un beneficio no tener que decidir el día de antes la ropa que ponernos.

No obstante, a nuestro parecer, la gran ventaja de los uniformes es que nos igualan. A ojos de un tercero, no existen diferencias entre una persona con una situación económica mejor que otra cuando estamos en clase. Además, en la sociedad en la que vivimos hoy en día se producen una gran cantidad de casos de acoso escolar debido a la ropa que llevamos los alumnos al colegio. Algunas personas que pueden permitirse traer a clase camisetas o sudaderas de marca se burlan de aquellos que no pueden. Y, al tratarse el nuestro de un colegio privado, estas diferencias podrían ser todavía mayores. Es por ello que el uniforme escolar nos ayuda, desde pequeños, a olvidar esas disparidades y nos permite relacionarnos y hacer amigos sin preocuparnos por el dinero de cada familia.

Por otro lado, también se debe reconocer que el uniforme, en este aspecto, sirve más bien como una tirita para un problema mayor. Es cierto que tapa las desigualdades económicas reflejadas en las distintas prendas de ropa de los estudiantes y el bullying que estas suelen conllevar, pero ¿por qué la desigualdad económica lleva al acoso escolar?

Simplemente, el sentimiento de superioridad moral derivado de la superioridad económica viene directamente de una educación precaria, bien en el ámbito familiar o bien en el propio colegio. ¿No es posible que, si se proporcionase una mejor educación respecto a esta cuestión, disminuyan los casos de bullying, al menos por razones económicas?

Además, la obligación de elegir ropa distinta cada día lleva inevitablemente a la experimentación en materia de estilo propio, algo vital en el período de la adolescencia. Sin esta fase previa de prueba y error con la moda, no podremos descubrir nuestro verdadero estilo hasta más adelante, si es que algún día lo conseguimos.

En conclusión, los uniformes, como todo, tienen aspectos muy positivos, así como cualidades negativas. Sin embargo, en este caso están tan equilibrados que incluso en el pequeño equipo de redacción del Subsuelo hay discrepancias bien argumentadas por ambos lados. Por ello, agradeceríamos que, si alguno de nuestros lectores tiene algo que aportar al debate, lo hiciera a través de una carta al director.