Largo viaje hacia la noche (1942)

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Eugene O’Neill tenía 63 años al terminar de escribir “Largo viaje hacia la noche”, una obra que generalmente se considera autobiográfica. Él mismo la definió como “Una obra de vieja tristeza escrita con lágrimas y sangre”.
Con frecuencia, se considera a O’Neill uno de los padres del teatro estadounidense. Muchos incluso se toman la libertad de llamarle el Shakespeare americano. En su dramaturgia buscaba lo que habían hecho Chekov e  Ibsen en Europa: alejarse del teatro melodramático, que había sido tan popular en épocas previas, y escribir uno más auténtico.

Fue un pionero del movimiento realista y naturalista, dejando una huella inolvidable en la historia del teatro y, posteriormente, del cine. Su diálogo descarnado y obsceno influyó en obras como “¿Quién teme a Virginia Woolf?” de Edward Albee, que se llevó al cine  en 1966.

“Largo viaje hacia la noche” transcurre en 24 horas, potenciando la tensión que transmite la obra. Toda la acción transcurre en el salón de la casa, creando un ambiente de angustia sofocante que te mantiene atado a tu asiento. La trama gira en torno a la familia Tyrone, una familia intelectual y adinerada pero resquebrajada por conflictos y luchas, problemas que el autor sufrió en su propio entorno familiar. A lo largo de la obra, los personajes se gritan, se insultan y se humillan, pero también dan muestras de cariño y amor mutuo.

El personaje de James Tyrone, patriarca de la familia, está inspirado en el propio padre del autor. A pesar de sus orígenes humildes, este personaje consigue un gran éxito como actor, aunque su vida familiar está repleta de adversidades.

En la obra de O’Neill, igual que en el teatro clásico griego, todos los personajes están abocados a la tragedia. En “Largo viaje hacia la noche”, la tacañería de Tyrone es la que desencadena su drama familiar. Tuvo una niñez llena de miseria, creció en una familia rota de inmigrantes irlandeses en Estados Unidos . Estas penurias le llevaron a una tacañería extrema y vivió siempre con el miedo de terminar en una casa de trabajo/asilo (poorhouse). La tacañería afecta cada aspecto de su vida personal y es considerada por el resto de su familia como la causa de sus desgracias.

Mary, mujer de Tyrone y madre de Edmund y Jamie, es adicta a la morfina. Aunque una ama de casa burguesa no encaja con la imagen actual de un drogodependiente, la adicción a la morfina era extremadamente común en Estados Unidos en el XIX y principios del XX, sobre todo en las mujeres blancas de clase media. Al igual que el resto de los personajes, este también representa a la propia madre del autor, Mary Ellen Quinlan O’Neill. Su adicción es la fuente principal de tensión en la familia y lo que causa la mayoría de las discusiones. Es un personaje perseguido por su propio pasado. Sus diálogos muestran su obsesión por su adolescencia y sus primeros años de matrimonio. Estas continuas referencias a su vida anterior difuminan los contornos entre el ayer y el hoy, haciéndonos cuestionar hasta qué punto somos esclavos o víctimas del pasado.

Por último, están los personajes de los hermanos, Edmund y Jamie. De nuevo, están basados en la familia del propio O’Neill. Jamie representaría a su hermano,  mientras que Edmund sería el alter ego del propio dramaturgo. Tienen una relación cercana, pero no exenta de conflictos. Ambos hermanos se enfrentan a su padre, mostrando así la brecha generacional. 

Jamie es un alcohólico problemático y cínico, asiduo de bares y burdeles de segunda, que recita a Dawson y Wilde para quien quiera escucharle. Su padre no soporta la deriva que ha tomado su hijo y se lo reprocha con frecuencia. Sin embargo, no se cuestiona el papel que él mismo ha desempeñado en que su hijo se convierta en el que es. El propio hermano de O’Neill murió a los 45 años a causa de complicaciones derivadas de su alcoholismo crónico. A su vez, el autor está representado en Edmund Tyrone. Curiosamente, ese era el nombre de otro de los hermanos de O’Neill que murió de bebé. Edmund lucha contra la tuberculosis a la vez que intenta buscar su identidad artística. Venera a Baudelaire, Wilde, Dawson, Nietzsche y Marx y detesta el férreo catolicismo de su padre de la misma manera que rechaza el cinismo y pesimismo extremo de su hermano.Por el contrario, siente una extrema simpatía hacia su madre,con la que sin embargo no consigue conectar del todo. Su identidad es un mosaico de dilemas y contradicciones.

Toda la obra está marcada por una confusión moral. Ningún personaje está libre de pecado, todos tienen matices y es difícil formarse una opinión clara y rotunda sobre cada uno de ellos. No es casualidad que en la obra se enfatice la niebla y bruma permanentes. Estas no son meramente físicas, sino que evocan la confusión moral en la que se encuentran envueltos los personajes. Incapaces de enfrentarse a la realidad, se hallan permanentemente en la tiniebla, en la falta de certeza, en la duda y en la melancolía. Su única certeza es su existencia dentro de esa familia llena de conflictos. O’Neill explicó que escribió esta obra con “profunda compasión, comprensión y perdón para los cuatro Tyrones atormentados”. La obra termina en el mismo lugar donde comienza. Sin embargo, nada termina siendo lo que era tras esas fatídicas 24 horas, ya que, como dijo el propio O’Neill, es un “Largo viaje hacia la noche”.